Epílogo

 


 الِاسْمُ يَبْقَى إِذَا فَنِيَ الْجَسَدُ

El nombre permanece cuando el cuerpo perece


Marzo de 2026. Visito la Biblioteca de El Escorial de nuevo. Estoy obsesionado con ese viejo códice que está casi en blanco. Solo tiene algunas páginas de cuentas y unas pocas recetas tradicionales andalusíes o, quizás, orientales; algunas medicinales, ya que nombra ingredientes que no eran demasiado habituales en al-Andalus. La caligrafía es algo increíble, de una belleza sin igual. Llevo unos días con algo de fiebre. Trabajo demasiado y me quedo despierto hasta muy tarde hasta que siento los pies helados. Cuando regrese probaré esa mezcla de naranja agria, limón, miel, cúrcuma y jengibre que aparece en una de las páginas. Sigo preguntándome ¿por qué tanto espacio en blanco? ¿Por qué habría dejado de anotar cosas su autor? Me acerco. ¿Cómo es que después de tantos años, mantiene este ligero perfume? Observo que el papel parece mancharse poco a poco y mi respiración se agita. Entonces leo unas letras bellamente trazadas: كان خطُّ أبي بديعاً «Mi padre tenía una letra preciosa».

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